
El cirujeo en la ciudad de Santa Fe crece, gente revolviendo la basura en consonancia con la productividad de la provincia, empleados públicos y asesores técnicos del gobierno; en este mundo político-empresarial-estatal paralelo que es el mundo paralelo de muchos autopercibidos santafesinos merecedores de la consideración de pertenecer a una competitiva provincia, a la que la Nación (es decir, todos los argentinos) le debe mucho.
Triste, se está viendo más mujeres en situación de calle, generalmente eran los hombres quienes caían en eso; el cinismo es claro al respecto, mientras nadie se muera de hambre, porque en realidad no tenemos casos de muertos por hambre (la contención social-estatal, funciona), son palestinos que migran en el mismo lugar de un lado para el otro en busca de algo; ni siquiera los pobres son nuestros, vienen no se sabe de dónde, probablemente de otras provincias y deambulan por aquí. Tampoco descartan el hecho de que hayan elegido esa vida, no les guste trabajar, sean delincuentes, enfermos mentales fuera de control o drogones irrecuperables.
Son gente de carne y hueso, santafesinos, de nuestra ciudad; basta de fingir demencia.
Miserias hay muchas, algunas se las detecta por el olfato, veo que la gente en la peatonal céntrica fundamentalmente se rige por lo que huele, si algo o alguien tirado en la vereda huele mal, no solo que no se acerca, ni lo mira, no existe.

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