Un fenómeno propio de este tiempo es que solemos escribir en primera persona, referenciándonos, como si fuéramos el centro del universo, no resulta novedoso, en el pasado hubo tiempos de esta índole.
Lo tramposo e inconsciente en algunos casos, es que disentir, ser contestarios a estas posiciones, es ponerte en supuesto agresor de probables victimas que terminan empoderándose en la postura de ofendidos, agraviados; esta corriente victimista es abundante, lo vemos en la obsesiva literatura personalista, intimista, que percibe la justicia como una restitución imaginaria del mal que han padecido, no solo imaginaria, también judicial, ya que terminan criminalizando la palabra de los que osan contradecir sus opiniones.
En parte es la decadencia del poder social, comunitario, de voces colectivas que en la actualidad no pueden mostrar en hechos una posición común.

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