Suceda lo que suceda en otras partes del mundo, estamos aquí en Argentina, envueltos en continuos procesos electorales que nos significan más de lo mismo; hasta ahora ninguno realmente cambio nuestras vidas de modo radical (es que cualquier cambio comienza por uno mismo); tal vez no lo queremos de esa manera, pensamos con el bolsillo y en los límites de nuestras ambiciones personales.
No todo es dinero, también la violencia circula, se intercambia, asciende en status social, de la cancha paso al poder político, del campito del barrio al Estado, de casa a las redes sociales en la web; una dinámica que busca desde los discursos romperle el culo al otro, no solo eso, humillarlo, dejarlo tirado ahí para que lo pisen los demás; teniendo en cuenta que pocas personas son realmente fuertes para estar por encima de las palabras; por cuanto Argentina esta abarrotada de palabrerío, por eso pululan los abogados, las patotas y nada es lo que parece.
Pronto veremos que, este camino de violencia verborragica, fundamentalmente propagada e instalada políticamente en nuestros vínculos interpersonales, dará sus frutos; con Cristina la bala no salió, pero vos de carne y hueso, que salís a pasear con la nena, te pueden arrebatar todas tus alegrías en un instante.

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