La vida del realmente asceta está ligada necesariamente a la prueba, si no existe algo que te haga padecer, hay que buscarlo; es un ejercicio constante que no se debe confundir con prácticas reguladas a modo de rutinas, las cuales tienen por objetivo último generar un espíritu de cuerpo, disciplinar; propias de una educación colectivista jerarquizada, fundante de sociedades prosperas por su vocación de trabajo.
El asceta es ante todo un alegre y libre solitario, aunque pueda tener familia, oficio, vida social, compromiso ciudadano; nunca es de la retrograda y amarga «gente buena» que pone su leñita a la hoguera que quema a otros.
Por eso que debemos estar atentos con la proliferación de exaltadas iglesias cristianas como manotazos de ahogados; de las mismas solo salen mártires a la fuerza, crean héroes de inteligencia artificial.

Deja una respuesta