Los argentinos no somos tan racistas, mucho menos convencidos antisemitas; quisiera demostrar esta verdad, pero la realidad es suficiente al respecto, los millones de extranjeros, inmigrantes, que conforman nuestro pueblo lo saben; solo algunos desquiciados nos quieren importar un problema ajeno.
El fútbol lo confirma. Aquel cielo oscuro de la selección europea de Francia que pinta su blancura «sintiendo culpa»; nada tiene que ver con nuestra Argentina celeste y blanca sin vueltas ni cinismo.

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