Hay gente en la línea del cagadon, en el precipicio que entra en su ser y se alimenta de ese abismo; muy literato suena esto, pero es así, interactuar con presos en la cárcel hace ver con claridad que cualquiera de nosotros podría ser uno de ellos.
Afuera están los que tienen demasiada suerte, sus acciones son contenidas y mitigadas en el entorno afectivo, familiar, laboral…; joden al perro de la vecina, le chorean al discapacitado, pisan a ese jubilado que ni caminar puede…; miserias seriales que no contabiliza nadie salvo quienes la padecieron. Ese daño no deja de serlo por no haber sido penalizado, en la distancia o la cercanía del anonimato; sino porque las víctimas de su cinismo, manipulación, violencia, han naturalizado esa psicopatía y el normal vive sus días como si no hubiera pasado nada.
La cárcel es ese lugar poblado de no poca gente con mala suerte, complicada esta afirmación, no justifico lo que hicieron y si hicieron lo incorrecto deben asumir las consecuencias en resarcimiento a sus víctimas y por todos los suertudos que están haciendo de las suyas o teniendo impunidad.

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