Y no dicen nada. Es cabeza dura el perro, no entiende que su buen Amo, aunque lo trate bien siempre le va a dar los huesos de la sobra.
Mueve la cola. ¿Qué otra cosa sabe hacer? Ladra y muerde a otros como él o ella.
Ojalá sus ladridos fueran palabras, esas que se le pudren adentro por no decirlas; su cobarde mal aliento canino está lleno de verdades no dichas.
Pobres los perros de cuatro patas, la ligan de rebote.

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