Se venden como Jokers y no lo son

Encarnan determinada alienación propia de la actualidad, empujados por modas, procesos culturales, domésticos a estructuras algorítmicas de poder; disfrazados de romanos, partisanos, revolucionarios, progres, libertarios, cristianos, payasos de la moral y el sentido común.

El Joker no habita en una patología ideológica puntual, no hay motivo razonable de propósito en lo que hace. Tiene autonomía total en su vida, no está atado a ninguna causalidad, sin concesiones para con nada ni nadie; nihilista.

Comentarios

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *