
¿Necesitamos confrontar la realidad para cambiarla o simplemente reemplazarla borrando lo que sucede? La tecnología es aliada imprescindible en tal sentido.
El presente nos muestra un aparato estatal sobredimensionado, ineficiente, que viene de años, donde las instituciones son cascaras vacías ocupadas por una burocracia que llevo a la deriva a nuestra Democracia. «¿Y ahora, quien podrá ayudarnos? Síganme los buenos», decía el Chapulín Colorado.
La legitimidad del poder ya no pasa por los poderes de la República, nuestros representantes no representan a nadie, aunque nos prestemos al juego de elegirlos para tal fin, obedecen a los intereses del más fuerte en el Sistema. El control del Estado está siendo tarea del Poder Ejecutivo, reduciendo al primero a su mínima expresión y la gente lo está legitimando en las urnas.

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