Educar un hijo en la libertad es un desafío en esta sociedad argentina, donde metiéndote al Estado te aseguran sueldo y privilegios de por vida, ni siendo Hitler te echan. Donde termina lo estatal, en nuestro país no se sabe, en el afuera la informalidad laboral es otro modo de esclavitud admitida socialmente.
Hacer que entiendan los hijos la malaria que significa la vida de estudiantes, a la vez, no hacerlos mendigos que morfan de tu mano y lleven esa impronta el resto de sus vidas; sino que puedan tener sus changas humanas, laburos sin ataduras de horarios, jefes o patrones, ni rutinas esclavizantes; algún rebusque, empresa, oficio o artesanía independiente, que los empodere mentalmente y les permita una fuente de ingresos propia.
Cuando alguien aprendió a diferenciar las cosas que le dan de vivir y las cosas que le dan de comer, conquisto su libertad.

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