
Seguimos creyendo que somos libres porque las leyes así lo disponen, la Constitución Nacional garantiza; en definitiva, somos ciudadanos, colegisladores de las leyes que obedecemos y al obedecerlas nos hacemos libres; una idea kantiana para republicanos de la sanata. Estamos en Argentina, donde el que las hace las paga y la viven pagando los que menos tienen porque las condiciones materiales de su existencia son de dependencia, subordinación, falta de libertad.
Nada de luchas que incendien las cosas, conquistas que impliquen cortar cabezas, palabrotas gastadas del pasado. La libertad es una prerrogativa que nos dan si nos portamos bien, una suerte de concesión o premio, supuestamente nos levantamos libres todos los días para hacer los quehaceres domésticos de la semana y es suficiente.
Después tenemos la libertad de los que eligen ser siervos del Señor, peones del más fuerte, hijos de Dios por toda la eternidad.
Vayamos al grano, lo que viene con nuestro chip de supervivencia, que nos hace estar donde estamos: el derecho a existir sin pedir permiso ni darle explicaciones a nadie. FIN.

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