Perdón por la tardanza
Es que de dónde vengo ya no queda nada
En Argentina se respetan todas las religiones, a sus creyentes y el Libro que tengan. El problema mundial actual es Yahveh, parece demasiado grande como Allah; son dos granos en el cuerpo de cualquier Democracia y las libertades de los ciudadanos.
Los creyentes tienen suficiente con desear la voluntad de su dios, solo ellos la conocen; hay un Paraíso, la Tierra Prometida, pueblos elegidos del Altísimo y fuerzas que vienen del cielo. Historias que nos venden por las buenas o te la imponen por las malas.
Si dejamos que esta gente alce la voz en nuestra casa, nos vamos a quedar sin nada, durmiendo en la calle. Cuando son poder empiezan las censuras, cancelaciones, judicializan la palabra molesta, criminalizan el pensar crítico, alteran el ánimo social, meten miedo y se van apropiando de nuestros espacios de libertad e interacción ciudadana. Venimos de un régimen de esas características en plena Democracia argentina, fueron años que no podíamos disentir con el Relato de la Memoria, los 30000 desaparecidos, la maravillosa juventud revolucionaria de 1970; el aparato estatal político-judicial-cultural se nos venía encima y te aplastaban.

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