
No son solo esos perros galgos. Tonos de voz, miradas, silencios, algunos gestos; señales de que no les llega agua al tanque, cierta locura en su expresión los delata. Más común de lo que creemos, interactuamos con personas de esta índole. Nada malo, sino detalles que pueden tornarse relevantes en situaciones especiales.
He visto como en política los usan demasiado, Santa Fe me sorprendió al respecto, un manoseo de las discapacidades mentales que puede resultar peligroso y de consecuencias impredecibles. Algunos subestiman demasiado a estas personas, por ignorancia o prejuicios.
Ellos también tienen olfato, son observadores de infinitadecimales evidencias que buscamos disimular, las cuales involuntariamente nuestro cuerpo muestra de algún modo.

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