La idea de «camino» suele estar presente literariamente, de modo religioso como abunda en el presente, a través de terapeutas y conferencistas de ciencias humanísticas.
Pero cuando te pones a caminar en la vida, como en pleno monte, entre las montañas o en el desierto, el miedo es el mismo que hace miles de años: equivocarte de camino, estar en la senda errada; especialmente cuando no tenes indicadores ni a nadie que te guíe, es el andar del solitario.

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