
Juan Pablo II hace 50 años definio en el marco de la doctrina católica lo que se entiende por Monacato, el lugar de unión y cercanía con Dios sin barreras o impedimentos de por medio.
Este «apartarse», tomar distancia del mundo, elegir la soledad, el retiro, ayuno, oración, oficio; vivir en comunidades conformadas a tal fin o en completo aislamiento, tiene no solo el poder simbolico de milenarias prácticas, sino que pertenece al hacer del hombre fuerte y libre capaz de perdonar, transformar el dolor y la lucha en redención de toda la Comunidad.
No confundamos, aquí no hay exclusividad, ninguna denominación religiosa puede patentar este movimiento que trae los años de disciplina, libertad, desprendimiento, en la vida de cualquiera.

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