Autor: José Antonio Muhando

  • Paren el tren que me quiero bajar

    Ya estás ahí, la tenes que chamuyar, caretear; aparentemente teníamos todo pensado y nos olvidamos que íbamos a hacer, como actuar o decir, nos asaltó cierto alzhéimer o demencia (de uso muy prolífero entre los políticos); aunque me esté pasando solo a mí, me olvide, me olvide y no sabía qué me iba a olvidar, estamos al horno.

    Viene en auxilio nuestro el cuerpo, para esto se requiere técnica, mucha práctica, reflejos rápidos, improvisar no es terminar en cualquier cosa, hay que resolver sobre la marcha y hacerlo bien.

    Si se trata de actores que salen al escenario, tendrán que hallar la manera de que los demás no se den cuenta, el show debe continuar sí o sí; pero si padeces una agresión sorpresiva grave en curso y te olvidaste de que tenes un arma en la cintura, corres doblemente en desventaja y te pones en una situación de peligro inminente para tu vida.

  • Ahora puedes publicar y comentar

    Es patético y a la vez causa risa, tenes algunos grupos públicos, privados, en las redes sociales, que se presentan como libertarios, liberales, ácratas anarquistas de la sarasa, amantes de la libertad de expresión, libres de la Libertad, republicanos, democráticos en Democracia, etc, etc.…; basta con empezar a publicar lo que pensamos con mediana independencia y autonomía, para que te restrinjan, cancelen, amontonen tus publicaciones (sujetas al «control y aprobación» de los Administradores).

    Son evidentemente una farsa, ni ellos se lo creen; donde caemos en el corral de algún patrón de estancia, que quiere tener a sus pollitos desplumados alimentándose de su mano, como si fueran rehenes que laburan para unos cuantos que tiran la misma mierda todos los días.

  • Huellas proféticas

    ¿Cómo hacerse mesías, profeta, sin pomposos sacrificios? La política y los cristomonedas nos pueden ayudar a pensarlo.

    Básicamente, siendo un «terraplanista», disfuncional, gregario, que paradójicamente vive ensimismado, al margen de los demás; a un costado del conocimiento, teniendo en su cabeza unas cuantas ideas fijas y sin la prudencia necesaria que nos da la experiencia de un nosotros en Comunidad; pero conocedor de los negocios de la actualidad, sumergido en el presente. Alguien convencido de que el mundo lo necesita, que las cosas no van a cambiar sin su intervención.

    Como verán, se requiere de prepotencia, temeridad, hasta que nace la confianza en sí mismo, la fe en uno, con la fe en nuestras manos salimos a vendérsela a otros.

  • Debajo de la nieve hay fuego

    En un texto de Kafka, se hace referencia al desafío entre un gigante y un sastre, por quien de los dos era el más fuerte. El fortachón inmenso, tiro una piedra bien alto, pero no tardo en caer; el sastre, soltó un pájaro y éste no regreso.

    Son tiempos de violencia, donde el supuestamente «más fuerte» cree tener la última palabra o la piedra que te aplasta, pero del otro lado no está el poder, en cuanto juego/lógica que busca devolverle el mismo golpe; la historia de David y Goliat, que les encanta a los fachos y sionistas, no pertenece al mundo de los fuertes; aunque Israel en el presente este muy preocupado por sepultar al pueblo palestino, arrasando con todo lo que se le cruce en su camino.

  • Vendedores ambulantes

    En la venta ambulante de empanadas salteñas, de las cuales he quedado aferrado a la cocina, buscando la manera de soltarme para retomar esa aventura que es patear la calle, estoy muy cerca de tal objetivo (he decidido ganar menos, pero no privarme de esa libertad); aprendí que la vida actual para la mayoría de las personas es la vida de vendedores ambulantes.

    La convivencia ciudadana, vital y personal, es un marketing constante, nos publicitamos a cada paso que damos, en la web, trabajo, familia, amigos, emprendimientos; no hay espacio de nuestra existencia que no sea gritar quienes somos, vendernos a los demás, algunos cotizan mejor que otros en el Mercado o el Estado, no faltan los sobrevaluados que no valen nada de lo que dicen ser.

    Por eso, el oro de este tiempo es la experiencia intensa del silencio y la soledad.

  • El olvido de la alegría

    Entiendo las razones aburridísimas que significa preguntarle a alguién sobre lo que cree o piensa de vivir; no te soportarían ni la gente que te quiere bien. Tenemos cosas más importantes.

    De ahí que, la alegría sea un bien que actualmente está en déficit, por más vitaminas, proteínas, frutas o alimentos que nutren esas áreas del cerebro donde se liberan neurotransmisores del placer, la felicidad; concretamente, no vivimos pendientes de nuestras células, ni vivimos viajando y mirando el paisaje de redes neuronales; sí, dependemos biológicamente de intrincados procesos internos que no manejamos y se dan. Se trata de algo más sencillo, el aquí y ahora de nuestra vida, lo que decidimos y hacemos, de todo aquello que nos afecta.

    La alegría tiene esa conexión con lo que aliviana el peso de la vida; ya que no es el pasado o el presente, lo que vamos a vivir, sino el futuro. Hay que seguir de algun modo, esta en nosotros elegir la mochila con la que vamos a transitar el camino.

  • ¿Por qué no votamos?

    Cuando vemos el espectáculo que dan muchos de quienes nos representan, ocupando una banca en las Legislaturas provinciales y el Congreso de la nación; no sé hasta qué punto debería sorprendernos, no solo es lo que votamos, sino que nuestra existencia cotidiana esta atravesada por esa accesibilidad «democrática» donde cualquiera es juez, funcionario público, gobernante, pastor o cura, tiene dinero, honores, reconocimiento social; el Estado y el Mercado son funcionales a su existencia.

    Lo vemos con mayor claridad en la partidocracia argentina, quienes administran los espacios de participación política y como a través de los mismos llegan los que nos gobiernan. Desde punteros hasta narcos, pasando por vendedores de humo y psicópatas; una selva de impresentables que se alzan con el poder de lo público sobre la vida ciudadana de todos.

    Muchos de estos perros importantes nos quieren hacer creer que ahora están «en otra» y no es así; lo veo en Santa Fe, pasaron las elecciones, algunos delincuentones se quedaron afuera, otros dieron su golpe y les resulto; la cuestión que siguen en sus curros (varios, con la nuestra, colgados de recursos públicos sin llamar la atención), de ese palo vienen, saben que la ley les da cabida para montar sus «emprendimientos políticos» y lucrar a través de los mismos; pronto los veremos regresar, volver en el año 2027 con la cara lavada. La gente lo sabe, por eso no vota.

  • Pasame otra cerveza

    Hasta la fecha, sabemos que no se puede cambiar el pasado, aunque las neurociencias señalan, teorizan sobre el cerebro humano y nos queda mucho por aprender; suele nuestra cabeza, que no tiene una memoria infalible y la misma decrece con el paso del tiempo, rellenar esos vacíos en ciertos recuerdos que evocamos completando un relato.

    Es decir, esta bueno eso de que, si bien no podemos cambiar lo sucedido, si nos podemos armar una historia diferente con ayuda de unas cuantas birras; la mentira ha sido nuestra gran amiga en la supervivencia. Incluso, esta sociedad organizada a la que pertenecemos, con sus instituciones, leyes, mandatos morales, religiosos, culturales, son ficciones, no existe un arriba y un abajo; los derechos que transitoriamente tenemos, no son más que los derechos que imponemos a otros y nuestros deberes las imposiciones ajenas sobre cada uno, pero estos vínculos de poder se pueden trastocar. Todo puede ser de otro modo, dependiendo de que historia queremos hacer/narrar en el presente.

  • Ponete a vivir

    Ante la abundancia de bibliografía apocalíptica, con un pesimismo perdedor que diagnóstica lo peor de las redes sociales, celulares, algoritmos, donde las personas estamos atrapadas, aisladas unas de otras en contactos virtuales sin conexión humana; no resulta ilógico pensar lo contrario, mas sociabilidad, conocimiento, felicidad. ¿De que nos sirve insistir con lo que nos hace daño, si nos gusta? Criticamos, puteamos, maldecimos, a la vez que consumimos.

    Si no generamos la fuerza de vivir propia de unos enfermos capaces de mirar y valorar la vida, como quienes saben que la están perdiendo; no nos queda otra que llevar esta existencia saludable, sometidos al orgullo de quienes nos tomamos muy en serio y de manera personal las boludeces que consideramos importantes.