Autor: José Antonio Muhando

  • Memoria, verdad y olvido

    Basta con mirarnos para comprender que uno no olvida lo que quiere, por lo tanto, la memoria necesita de la verdad para concluir, resolver cualquier asunto, trauma, vivencia o lo que fuere.

    Si fuiste víctima, perdiste; quedan dos opciones bien nítidas:

    • Repetimos la sarasa de que la historia la escriben los vencedores, en tal sentido, necesariamente los ganadores cuentan su cuento, arman el Relato que los estaba esperando para gloria, mérito, beneficio y reconocimiento de ellos.
    • O bien, salimos del lugar de víctimas con la verdad, yendo sin concesiones para con nadie, ni siquiera para nosotros mismos; reconociendo la contingencia de la caída, donde no fuimos vencidos, nunca olvidamos por qué luchamos; nos levantamos gracias a la verdad que sirve para seguir adelante. Y aquí se da lo más paradójico: cuanta más memoria tenemos de algo porque no le esquivamos a la verdad completa (peor que una mentira, es una verdad a medias) y lo recordamos muy bien, aparece el olvido superador sin que lo forcemos.
  • Literatura felicitaria

    Cuando pensamos a la psiquiatría fundamentalmente y en cierto aspecto la neurología que parece por las intervenciones de algunos profesionales, ir en el mismo sentido, hacia un reduccionismo químico, lo relevante al final del camino es recetar fármacos, ansiolíticos, neurolépticos, vitaminas o alguna pastillita de determinado color.

    A la vez, incursionan en una suerte de psicologismo práctico, consejería filosófica, y se animan a más, saltan a la política. No difieren de las charlas que podemos tener haciendo empanadas, salvo por el hecho de presentar las opiniones vestidas de ciencia.

    Llévate bien con los demás, perdona, sé feliz, no seas facho y otras boludeces a granel, la cuestión es cómo.

  • No te quedes afuera, Calígula

    Solemos prestarle atención a cierto relato de lobos, ellos andan en manada y los enfermos van delante, atrás vienen los jóvenes sanos cuidando la fila que avanza.

    No somos lobos, sino humanos (aunque nos autopercibamos leones, pumas, águilas, ángeles, etc ); sin embargo, para sobrevivir, progresar, avanzar, nuestra especie es sociable y por ende jerárquica, formamos grupos, comunidades; donde si sos diferente por valiente, honesto o inteligente…., tenes que saber arrastrarte en la mediocridad de la mayoría, que es la única que te asegura pertenencia, supervivencia no necesariamente del más apto.

    No hay organización, partido, estado, gobierno, democracia, sociedad, que no opere de este modo; basta con que levantes la cabeza para que te la corten, sobresalir es un error, mostrar inteligencia resulta imperdonable, la vitalidad y la alegría del fuerte no tienen buena prensa; es simple la ecuación, en la actualidad las discapacidades son un problema: ¿para quienes lo son? Indudablemente, es una competencia entre ellos, el mérito se lo están llevando algunos discapacitados realmente peligrosos, quienes utilizan la violencia para imponerse, en estructuras propicias a tal fin, cuya lógica normalizadora de funcionamiento les facilita el ejercicio del poder.

  • Cinismo cristiano argentino

    Siglo XXI, año 2025, Argentina; hagamos el esfuerzo por no ser tan cínicos e intentemos darnos cuenta del rol de las iglesias cristianas de diversa índole, denominaciones, oficiales o no; cuya finalidad es política, administrar lo público, domesticar ciudadanos al poder instituido, currar en el Estado; sin importar que sermoneen sus pastores o curas.

    Estos vendedores de humo te hacen pasar una vida soñando, lleno de esperanzas y terminas muriendo por el peso de tus renuncias. No luchan de verdad por nada, un ejemplo claro es que tenemos ley de aborto, con Legislaturas y el Congreso de la Nación, lleno de legisladores provida votados por un mundo provida, que obtuvieron sus bancas por estar en contra de la interrupción voluntaria del embarazo.

    Es decir, si nos guiamos por ellos, nos quedamos con un montón de vida desperdiciada, que no vamos a vivir; obviamente, quienes calificamos a la altura de la vida por la forma que vivimos, no andamos necesitados que nos vendan compensaciones religiosas. ¿Qué promesas tienen para nosotros, que sabe esta gente de la vida?

  • Si querés llorar, llorá

    ¿Qué hacen en organizaciones políticas, siendo manipulados, gente que no maneja ni su propio celular? No me refiero a pollerudos o dominadas, sino a discapacitados; lo cual no condeno ni adhiero a cierta discriminación hacia los mismos; señalo un caso particular propio de estos tiempos de convivencia, oportunidades, tolerancia, igualdad, derechos……

    Incluso, determinadas ciencias, disciplinas, artes, están siendo desdibujadas, con vistas a la rehabilitación, integración y etcéteras relacionados a personas con dificultades incapacitantes para vivir de modo independiente, libre.

    Seguiré con algunos ejemplos más concretos: la filosofía ha devenido en literatura de autoayuda con fines curativos espirituales, corrientes filosóficas como el estoicismo (muy de moda en la actualidad) ofreciendo sus ideas en cuanto técnicas de terapia mental, corporal, para quemados de la cabeza; la psicología, otra ciencia en vías de extinción, manoseada por coachs, influencers, que se apropiaron de un nicho variopinto de la sarasa; el teatro, donde confluyen personas con dificultades reales para ser, buscando encontrar en ellos mismos quienes son, sacarse de encima el personaje que vienen padeciendo y terminas fumandote un encuentro/taller de sanación grupal.

    Otro apartado no menos relevante son las derivaciones al respecto de la inteligencia artificial, nos daría para otros textos.

  • La vida de la verdad

    En el mito de Orfeo descendiendo a los infiernos en busca de su mujer muerta, bajo la condición de no darse vuelta para mirarla, algo que no cumple cuando está llegando al mundo de los vivos y ella desaparece; se queda sin nada, el propósito de revivir a la amada queda trunco.

    Interpretaciones hay muchas, es un detonante siempre vigente que nos lleva a pensar y en este sentido quiero detenerme en eso llamado «pensar»; que tanto nos hace falta en todos los tiempos. Sí, este ponernos a pensar en la representación de Orfeo y su amado cadáver, se esfuma una vez que nos ocupamos en algo, en el ajetreo diario de rutinas, obligaciones, labores, experiencias….

    No hay con que darle, la cuentes como la cuentes, a pensar no se dedica cualquiera, no tenemos tiempo, requiere de no hacer nada, desenchufarse de todo lo vivo que te rodea, tratar con muertos como un muerto más, entre pensamientos que se suceden unos tras otros y no dejan huellas, invisibles, sin materialidad alguna, inútiles.

  • Bestias o dioses

    Resulta paradójico que, en este tiempo de la imagen y la exposición pública, tengamos que cuidarnos más que nunca de como aparecemos ante los demás, incluso tener la suficiente autodisciplina para no mostrarnos demasiado, ya que el contexto tecnológico pone al alcance de cualquiera todo un aparataje para incursionar en la vida de otros sin límites.

    Aquello propio de nuestra condición humana, aparecer y ser en el espacio público, nos hace demasiado vulnerables…; no podemos evitarlo, hay una necesidad social que nos empuja a poner nuestros sentidos en los demás, las cosas, el mundo en el que convivimos; tomar distancia/retirarse/alejarse de esto, como dijo alguna vez Aristóteles, es de bestias o de dioses.

  • Clase media

    Entiendo lo que significa guardar las apariencias, no solo porque te tratan como te ven; por cuanto además somos de la forma que aparecemos para mostrarnos ante los demás, no es que eso sea de un valor inferior o poco estimable con respecto a los que afirman que solo importa el interior de las personas (por dentro hay tripas, órganos, nervios y encontramos lo mismo en todos los seres humanos).

    Voy al hecho que no llegamos a fin de mes, pero nos autopercibimos clase media, románticos en ese sentido. Andar por ahí diciendo lo pobre que somos no es sencillo, asumirlo menos, hacemos lo imposible para mantener la imagen, cada cual a su manera.

    Incluso, la Comunidad de un todo de pertenencia que nos hace uno, es una ficción, un relato entre otros; cada vez nos cruzamos/interactuamos menos con aquellos que están económicamente por encima nuestro, como si fuéramos una sociedad o un mundo aparte; aunque tengamos una obra social pedorra que funciona cuando quiere, no llegamos, terminamos precarizados en la atención de la propia salud, si vamos a la escuela o la universidad pública, no podemos engañarnos, allí no concurren quienes serán los que lleven las riendas del progreso, los futuros patrones de nuestros sueños; hay excepciones, pero solo eso.