Autor: José Antonio Muhando

  • El yutaje argento

    Vimos como de forma desinhibida reapareció ese Adolfito que llevamos dentro en cuanto sociedad, entusiasta, colaboracionista, pro estatal, lleno de moral, rebosante de salud e higiene, con la gorra y las botas puestas; durante la última dictadura sanitaria, en el exitoso ensayo del CIRCOVID. Lo sé, no queremos recordar; la memoria es corta.

    Siempre me pregunte, para que tantas fuerzas de seguridad y policiales, con un mundo sobrepoblado de uniformados, si nos tenemos a nosotros los vecinos; nunca voy a entender las razones de la inseguridad pública, o quizás sí, peligramos todos en una sociedad con gente así.

    No hay un afuera del Sistema, empezando por eso, no caben dudas que somos producto del poder, de ahí que cuando hubo que ser dóciles y traidores entre nosotros, jugamos a favor del encierro, la represión, el régimen de privilegios de unos pocos por sobre los demás; cuando salimos de ese lugar lo hicimos de mentirita, volvimos a lo mismo, a la normalidad de siempre, esta que venimos padeciendo y supuestamente queremos cambiar.

  • Cuantos pares son tres botas

    En el gobierno de la libertad ya no se habla tanto de libertad, preocupa que la misma quede diluida en las urgencias que nos suelen entretener a los argentinos; lo positivo pasa exclusivamente por la baja de la inflación, eso sí es alentador y la promesa de un futuro mejor para todos; pero esto último puede dar su mejor versión bajo cualquier Régimen.

    Obviamente, no banalicemos la cuestión que se plantea en torno a la libertad que buscamos los argentinos; sabiendo que la que teníamos no era gratis, dada por la clase política dirigente, el Estado benefactor; tampoco nos aparece clara y evidente en manos del Mercado, gracias al mérito de cada uno.

    ¿Qué libertad pretendemos? Aquella que es posible si somos todos igualmente libres, en este caso estamos lejos con la pobreza y postergación económica de millones de argentinos; la que ofrecen el Estado y las instituciones, asegurando esas condiciones materiales de posibilidad que nos harán ser libres a quienes vivimos en sociedad, indudablemente la misma nunca fue concreta, sino todo lo contrario, utilizada como bandera de quienes la usufructuaban a costa del sacrificio de la mayoría; la de quienes en el presente, aseguran que la igualdad y la justicia social, son limitantes que hacen imposible la libertad entre nosotros.

    El menú es variado y seguimos ensayando respuestas, que no llegan a la gente, porque no alcanzan a ser reales, palpables en la vida cotidiana de los ciudadanos, salidas de nuestra propia vivencia comunitaria.

    Para otro escrito quedaría preguntarnos para que queremos ser libres; mi respuesta personal es para no trabajar, dedicarme a lo que quiero, hacerlo como quiero y cuando quiero. Ocio.

  • En modo Gaza

    Desde que tenemos democracia en Argentina, criticar al poder abiertamente y de manera militante, te coloca en el lugar de un perseguido; francamente esperaba un cambio al respecto…; obviamente, algunos son más perseguidos que otros, están quienes tienen cámara, estructura detrás, capitalizan bien su lugar de víctimas, pilotean la cuestión a través de un determinado colectivo que los empodera; pero quienes estamos solos y no nos conoce nadie, sabemos que la historia es peor.

    La auténtica y combativa libertad de expresión, viene haciéndose metáfora en cuanto manera de autodefensa/supervivencia, ya que te judicializan la palabra, criminalizan las expresiones contrarias a la normalidad impuesta, estigmatizan al pugilista que entiende de golpes, de instantes, irrupciones, quiebres que se dan desde lo cultural y político, que van sumando momentos hasta alcanzar el gran momento, aunque este último muchas veces jamás llegue. Las luchas sociales se han vuelto light, malacostumbradas a ser apadrinadas por el Estado que se disfraza de «revolucionario» cuando le conviene, han perdido su sentido en la actualidad dado que la gente no quiere darse cuenta de nada.

    ¿Cómo sigue esto? No lo sé, pero cuando me dicen que la escuela es el lugar de la libertad, me hace ruido; bastaría con ver el peregrinaje en esos lugares de encierro de quienes padecen HADD; o los más viejitos, en sus tiempos de juventud cuando fueron tratados como peligrosos por reír demasiado………

  • El bigotito de los estatales

    Están como dios, en todos lados, no hay ámbito en Argentina donde no haya presencia estatal; quiero hacer foco en los asalariados estatales, un ser humano cuyas características son las definitorias del tiempo que vivimos.

    A los mismos se les da también por emprender algo, tienen ocurrencias, participan como cualquier ciudadano en la construcción del espacio de convivencia democrática; en tal sentido, no faltan quienes patentan partidos políticos, con ideas de diferentes colores que terminan asimiladas en el modo de ser estatal, alimentan el Partido Único Estatal.

    Hay espacios de participación ciudadana donde la presencia de los empleados públicos en lo que respecta a la estructura que rige esos agrupamientos, resulta decisiva; es decir: pueden hablarte de libertad, levantar banderas revolucionarias, decir representar lo nuevo, el cambio, sentar las bases de Alberdi, Gramsci, el Che, Elon Musk ……..; da lo mismo, nada es real, empleados públicos, aunque se hagan los rebeldes son domésticos, se someten al verticalismo de un arriba y un abajo, movidos por creencias no piensan por sí mismos, el autoritarismo es el expediente mental que rige este tipo de conducta funcional al poder de turno.

  • Milei, así no.

    Más de un Libertario libertario, se verá decepcionado con el rumbo en ciertos aspectos de la idea que sostiene la política de seguridad que está adoptando el actual gobierno nacional.

    No es la libertad que votamos, cualquiera con dos dedos de frente sabe que son incontrolables los servicios de inteligencia en su accionar, nadie en su sano juicio puede creer que una comisión bicameral o el poder judicial a través de sus funcionarios puede manejar tal aparato estatal.

    Paradójicamente en el gobierno de la libertad le asignamos un poder inusitado, con asignación presupuestaria pornográfica para la Argentina de pobreza y ajuste que padece mucha gente de manera heroica, dándole atribuciones sobre las libertades de los individuos que dan miedo, incursionando en las redes sociales con la excusa válida de luchar contra el crimen organizado (algo real y necesario, pero dejado al criterio de estas fuerzas politizadas, abre la puerta a la represión ideológica hacia quienes piensan, viven y se expresan distinto).

    En este esquema de Régimen, no hay diferencias entre el gobierno liberal anticasta y el partido único estatal; a la hora de espiar, perseguir, controlar, restringir…, la libertad de los ciudadanos es puesta en suspenso; se prioriza el orden, la ley, el poder estatal, los intereses del gobierno.

  • Respetando a los violentos

    La decepción de esta nueva política, en lo que respecta a la participación cívica, propia de redes sociales más que nada, por cuanto «en el afuera» del face to face, las cosas cambian; se radicaliza en prácticas organizadas difíciles de aceptar en la convivencia democrática.

    Vengo siendo genéricamente reiterativo en esta temática, sin involucrar a todos, respetando el esfuerzo positivo de otros; por cuanto conozco y he padecido en carne propia. Siendo un afiliado no fascista del Partido Libertario de Santa Fe, cancelado, comprendo de cerca la desgracia que significa tener a referentes no elegidos ni votados por nadie, donde detrás de los mismos desfilan empleados de una estructura que se impone por encima de los ciudadanos que hicimos posible el espacio político.

    La violencia gana, lamentablemente gracias a la colaboración tal vez no querida ni buscada, de gente con responsabilidad en el organigrama del Partido, débil de carácter, dominada, atrapada en la voluntad de unos cuantos que en determinados lugares mandan, silencian a otros, disciplinan, escarmientan y fantasean con esparcir el «respeto» entre los afiliados.

  • Santa Fe de locos (sorteamos una banca en la Legislatura)

    La característica definitoria del pueblo santafesino, sin lugar a dudas, es fingir demencia, el cinismo generalizado de la sociedad organizada se ha impuesto como normalidad. En lo demás somos hermosos, la gente cordial más linda del país.

    En Santa Fe tenemos el récord histórico de ausentismo de los ciudadanos en ir a votar, desde que tenemos democracia de manera ininterrumpida; sin embargo, festejan los candidatos electos como si hubieran ganado el Quini 6. Es tal la desfachatez del poder, que no les importan esas ausencias, son solo números que suman a la estrategia electoral de siempre, ganar como sea y seguir currando con «el Estado presente, el Estado somos todos».

    No la ven o no la quieren ver, representantes, gobernantes, están colgados de los fierros de los uniformados, montan su legitimidad con la gorra puesta, en el contexto de un sistema jurídico punitivo que cada vez avanza de manera totalitaria sobre las libertades individuales. ¿Hasta cuándo creen que pueden sostener esta ficción?

    Necesitamos de manera urgente fortalecer nuestra Democracia, no sé de qué forma, pero es importante hacerlo y ahora.

  • Después del león viene el niño

    Ir al rescate de nuestro propio cuerpo es siempre una tarea gratificante, dura, requiere de trabajo constante, técnicas; hay quienes le ponemos el cuerpo a nuestras verdades, sabemos de qué se trata sufrir demasiado por aparentes boludeces, nada de otro mundo, es parte del oficio del militante de la vida, de la libertad; al final siempre nos soltamos, como dice el tango. ¿Para qué otra cosa hemos venido al mundo o estamos en la tierra?

    Lo del cuerpo no se reduce a lo referido, el presente nos encuentra disociados del mismo, se ve la carencia de espontaneidad en la gente, las serias dificultades a la hora de improvisar, de un sano «no pensar» mostrando con el cuerpo lo que buscamos decir, expresarnos plenamente a través del mismo; quitar el velo de las apariencias y ser, no el personaje construido de los demás, sino ese que sale de uno, viviendo.

  • La alegría que no nos sale

    En menos de un año y medio, los argentinos perdimos la alegría de esos comienzos llenos de risas, entusiasmo, energías de cambio, ideas nuevas, revolución, juventud, transformación, futuro; volvimos al más de lo mismo, pero esta vez, algo se apagó en la política y pinta irreversible.

    Una generación de amargos que lo echa a perder todo, de los cuales formo parte, es la explicación más rápida que tengo a mano; en 100 años no quedaremos ninguno, así de simple.

    Con lo que cuesta recuperar esas sonrisas que antes nos salían en abundancia; las neurociencias nos dan una explicación plausible al respecto, tiene que ver con la edad fundamentalmente y no de modo excluyente. Sin embargo, no es sencillo con los años conectar por debajo de esas capas de cebolla que fuimos acumulando, en el detrás de escena del espíritu de seriedad, sacarnos algo de la pesadez existencial.

  • Las armas que carga el odio

    El miedo, autoconservación, la venganza que trae justicia, crimen organizado, el enfrentamiento político social en aumento y otras tantas pasiones que los argentinos estamos reviviendo con fuerza, como si estuviéramos a las puertas de una guerra; compartí la vivencia (relatada en un podcast, bajo el título «Festival de armas», inserto en una de las páginas de esta web) de unas horas de espera en una armería de la ciudad de Santa fe; parecía un dispensario por la cantidad de gente que había concurrido a la misma, al solo efecto de comprar un arma de fuego.

    La crueldad y el desprecio del otro, por sus opiniones, preferencias, ideas, formas de vida, condición económica, educación; está dejando fuertes verdades incrustadas en el dolor de quienes padecen esta violencia organizada, los más débiles en su mayoría: se les pisa la cabeza a viejos, discapacitados, mujeres, pobres, marginados, librepensadores, en medio de víctimas de la inseguridad. Nada nuevo, antes se los usaba con esa misma crueldad y desprecio, para enriquecer a una banda de delincuentes instalada en el Estado. El presente es diferente, a determinadas personas o grupos usados de blancos, se le hace sentir al perdedor que es un perdedor, su visibilidad es un mecanismo de escarmiento político-social que lo señala culpable ante los demás.

    Pronto veremos de esos perdedores cuando realmente nada tengan que perder, descolgarse muy mal en acciones impredecibles; las normas, el orden, los que las hacen las pagan; dentro de la ley todo, fuera de la ley nada; las amenazas del poder sobre cualquier disidencia o negatividad molesta a la hegemonía de la normalidad…….; nada de eso terminara siendo relevante, la democracia ira camino a ser una Democracia directa.