Resulta mal visto, especialmente cuando vemos a tantos llorar por las deudas en que estan metidos. Obviamente, esto devalua la legitimidad del gasto en Democracia, pasando la carga de éste a los más débiles y vulnerables.
A determinados colectivos nos queda la libertad y la alegría, ya que el trabajo castiga lo festivo del ser alegre y libre; la alienada existencia a la que empuja el Sistema, hace del gasto algo privativo de algunos, propio de los que pueden porque son parte de un esquema de enriquecimiento, utilidad, prosperidad económica, establecido hace tiempo.
