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  • El relámpago de las fuerzas del cielo

    No solo encandilo a la mayoría del pueblo, encegueció a otros e irrumpió partiendo al medio el statu quo de la vieja política, del sistema jurídico-económico, sacudiendo a la sociedad organizada fallida de los incluidos, que hablaba de un cambio haciendo lo de siempre.

    El partidismo político, las instituciones, todo el andamiaje estatal y gubernamental; no alcanzan con sus dispositivos de poder en asimilar lo que ocurre y hacerlo funcional a los intereses acostumbrados, bajo los visos de legalidad de un Estado de Derecho.

    Incluso, están quienes se cuelgan de la moda libertaria y no faltan los que se presentan como lo novedoso, enarbolando banderas de la libertad, y no la ven; son lo viejo con ropaje nuevo, les falta el conocimiento rápido receptivo, allí donde alumbra el refucilo; no pueden elaborar un discurso político ni una estrategia política de acciones que rediman las injusticias que afectan a mucha gente desde toda la vida, en un país devastado por la corrupción.

    Seguimos en la temporalidad acostumbrada y muchos van a volver a lo predecible, «a la sarna con gusto no pica»; de pobreza para todos y todas, a la envidia organizada estatal como ideología política que desacredita la existencia humana de la excelencia.

  • Nunca es tiempo para morir

    Sin embargo, «hay que saber morir a tiempo», una expresión bien antigua, muy tenida en cuenta por los estoicos.

    Están quienes prefieren quedarse en la vida un minuto más, sin importarles dar lástima, sobrevivir de la compasión y ayuda de otros. Solemos en tal sentido escuchar a muchos, «antes de terminar siendo un viejo que, como niño, se caga, se mea, hay que limpiarle el culo y bañarlo…….; me suicido»; obvio, somos de mucho palabrerío, la cuestión que llegado el momento son muy pocos los que eligen morir, irse de la vida cuando ésta se torne insoportable o una carga para los demás, sin importar la edad o condición social.

    Desde ya, se entreteje en lo manifestado precedentemente, que una vida se ve al final, como llega a ese final; este asunto es relevante y nos dará para un escrito ulterior.

  • Estado o Libertad

    Decía Nietzsche, «donde termina el Estado, comienza la libertad»; la cuestión está lejos de resolverse en países como Argentina, donde la Democracia para no pocos es el Estado presente en todos los ámbitos de nuestra vida social, administrando y generando vínculos de poder.

    «El Estado somos todos», «la Patria es el otro»; obviamente colgados del bolsillo de los demás, en una política autoritaria con visos de legalidad que se impone en beneficio de una casta que obtiene sus ganancias a costa de los recursos públicos.

    De ahí que no coincida con el presidente Milei en la disyuntiva de «kirchnerismo o libertad», por considerarla coyuntural; la grieta fundamental es entre quienes se han quedado en la inmovilidad de un sistema que le asigna a cada uno su lugar, rol, identidad, profesión, negocio y el éxito asegurado de algunos; frente a los que avanzan movidos por las inquietudes humanas de crecer, progresar, cambiar, trabajar, superarse.

    Los reaccionarios se niegan a pensar, en eso son peligrosos, lo rancio de posturas que insisten en permanecer y pertenecer a la «Normalidad» de quienes gozan del visto bueno del Sistema; sabemos que esto no necesariamente responde a clases sociales, ideologías o aptitudes, sino a esa mentalidad cerrada en sus propios intereses que echa mano de los mecanismos institucionales para garantizar sus privilegios sobre los demás.

  • Parresía

    Parresía

    Una palabra que no se menciona en la actualidad, es de origen griego, bastante antigua, se la suele traducir por «hablar libremente».

    En realidad, muchos conocen lo que significa «decir la verdad» en un contexto adverso, no favorable, donde arriesgamos algo.

    Obviamente, estamos en Argentina y nos hablamos todo porque resulta gratis, no hay mayores riesgos que una carta documento, denuncia penal, el bolsillo que tiembla en un juicio civil. Si estuviéramos en Rusia que te dan 20 años de cárcel o te asesinan, por expresarte políticamente desde una verdad contraria al régimen de gobierno, ahí sabrías en carne propia lo que es parresía.

    Padecerías al poder en tu cuerpo, el mismo cuerpo que hace patente la verdad que decís, por cuanto le ponemos el cuerpo y enfrentamos al poder de esta manera; solos, con todas en contra.