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  • Estado o Libertad

    Decía Nietzsche, «donde termina el Estado, comienza la libertad»; la cuestión está lejos de resolverse en países como Argentina, donde la Democracia para no pocos es el Estado presente en todos los ámbitos de nuestra vida social, administrando y generando vínculos de poder.

    «El Estado somos todos», «la Patria es el otro»; obviamente colgados del bolsillo de los demás, en una política autoritaria con visos de legalidad que se impone en beneficio de una casta que obtiene sus ganancias a costa de los recursos públicos.

    De ahí que no coincida con el presidente Milei en la disyuntiva de «kirchnerismo o libertad», por considerarla coyuntural; la grieta fundamental es entre quienes se han quedado en la inmovilidad de un sistema que le asigna a cada uno su lugar, rol, identidad, profesión, negocio y el éxito asegurado de algunos; frente a los que avanzan movidos por las inquietudes humanas de crecer, progresar, cambiar, trabajar, superarse.

    Los reaccionarios se niegan a pensar, en eso son peligrosos, lo rancio de posturas que insisten en permanecer y pertenecer a la «Normalidad» de quienes gozan del visto bueno del Sistema; sabemos que esto no necesariamente responde a clases sociales, ideologías o aptitudes, sino a esa mentalidad cerrada en sus propios intereses que echa mano de los mecanismos institucionales para garantizar sus privilegios sobre los demás.

  • Parresía

    Parresía

    Una palabra que no se menciona en la actualidad, es de origen griego, bastante antigua, se la suele traducir por «hablar libremente».

    En realidad, muchos conocen lo que significa «decir la verdad» en un contexto adverso, no favorable, donde arriesgamos algo.

    Obviamente, estamos en Argentina y nos hablamos todo porque resulta gratis, no hay mayores riesgos que una carta documento, denuncia penal, el bolsillo que tiembla en un juicio civil. Si estuviéramos en Rusia que te dan 20 años de cárcel o te asesinan, por expresarte políticamente desde una verdad contraria al régimen de gobierno, ahí sabrías en carne propia lo que es parresía.

    Padecerías al poder en tu cuerpo, el mismo cuerpo que hace patente la verdad que decís, por cuanto le ponemos el cuerpo y enfrentamos al poder de esta manera; solos, con todas en contra.