Libre y a pata

No hay como tener tu propia casa, nuestros abuelos apuntaban a la tierra y los ladrillos. El auto, la ropa, viajes, otras cosas, eran lujos que no tenían peso existencial en sus vidas.

En buena hora, en el presente hay variedad de placeres, más bienestar, mayor oferta de felicidad en el mercado; sin embargo, lo relevante sigue siendo tener casa propia, dejar de vivir prestado, sin deudas ni favores que nos empobrecen al quitarnos la paz.

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