Minoría de la minoría o del por qué a la gorda se le llama gorda

Si la libertad de expresión son aquellas opiniones con las cuales coincido, indudablemente existen tantos mundos que serían aburridos y tortuosos convivir en alguno de ellos no siendo parecido al resto, coincidentes y determinados por un pensamiento único que los aglutina. Parece una locura estar hablando de esto en pleno siglo XXI, porque dábamos por sentado que la Inquisición eran los malos que te quemaban por ser mujer, inteligente, libre o no católico; pero no, hoy te crucifican los libertarios por opinar diferente, si sos mujer católica, feminista y de izquierda, te fusilan las feministas universalistas del wokismo; etcetera de los etceteras.

Llamar flaco al flaco y no delgado, es como ser gordo y que no te describan excedido en peso; de ahí el negocio del odio, es muy rentable en la actualidad, fomentar el miedo al otro diferente y cuando ese otro se aviva sabe explotar a su favor ser minoría buscando imponerse por encima de los demás, algo que sucede a menudo. No vende que intentemos ser socialmente mayoría, ponernos de acuerdo entre todos, aceptarnos, respetarnos tal como somos, aparecemos, vivimos y elegimos vivir; nada de esto se viraliza en cuanto negocio, políticamente no es ganador.

Un tema para quemarse la cabeza es la vocación histórica revisionista de los que analizan el pasado desde la mentalidad actual, critican, sacan conclusiones, proyectan el mismo al presente con un autoritarismo moral que pesa sobre la existencia culpable de otros, sean animales, vegetales, humanos, palabras o cosas.

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