Se nos acaban las sonrisas, si después que nos hayan sentenciado a la peor de las barbaries, nos damos cuenta de que estando al aire libre, tapiado todo el perímetro de la cancha de futbol, nos empiezan a llover garrafas en la cabeza. Walter Benjamín, veía en la afición de las masas a los fuegos artificiales, esa condición del inconsciente humano volcado a lo catastrófico, festejando la premonición de lo trágico.
Los partidos políticos deberían rendir cuenta a todos los ciudadanos de su actitud ante lo público, frente a lo común que une a la gente; dejar de lado tantas supuestas convicciones que se aplauden entre ellas, cartas orgánicas, posiciones tomadas, intereses partidarios; terminar con demasiado moralismo que en definitiva va en contra del común acuerdo de los ciudadanos en Democracia, del diálogo entre distintos, de lo compartido entre todos.

Deja una respuesta