Ser parte en la concreción de un espacio político, experiencia que tuve la oportunidad de hacer realidad desde cero; en plazas vacías, remando con nada, yendo a los bifes con acciones a pura camiseta, desafiando la dictadura sanitaria de la pandemia, poniéndole corazón junto a otros héroes (llamo héroe, al ciudadano y su compromiso por la Comunidad); son momentos que no debemos dejar pasar en la memoria, es una fuente con la cual retroalimentarnos; porque los argentinos, amigos de la novedad, cuando pensamos lo hacemos con bibliografía de hace 100 años y eso tiene su costo.
Los partidos políticos argentinos, en términos generales, lo que no significa generalizar ni particularizar en nadie, comienzan de la misma forma y algunos terminan estructurándose alrededor de nadies, gente que no valen un sorete, armadores, vende humos, autoritarios, personajes difusos……; extensiones humanas de tarjetas de crédito que no son nada por sí mismos, no son referentes reales de nadie, están para obedecer, hacer los mandados, disciplinar a otros, actuar en nombre de…; partidos hechos para meter gente al Estado, ganar bancas que indudablemente no representaran a los ciudadanos, no hacen política sino proselitismo.
De ahí que se dé un fenómeno muy actual, propio de la cultura occidental, en determinados casos maquilla lo expresado a modo de cosmética política como solución final: recurrir a figuras mediáticas, influencers, estrellas pop……; donde se pasan por la cachucha y las pelotas a toda la militancia real que hizo posible, lo que ahora para ellos es un negocio al que sacarle el jugo.

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