
Mañana, en la narrativa de la fe, nace Jesús, pobre, hijo de la persecución, represión, de la humillación y crucifixión. También, el Dios que se hace humano, deja las alturas de la crueldad, la venganza, el cinismo, para comprender a los humanos en su fragilidad.
En la historia de los que precedieron su llegada, hubo quienes eligieron padecer injusticias antes que cometerlas, junto a los crucificados y no entre los que crucifican.
¿Qué clase de cristianos somos quienes celebramos el nacimiento de Jesús, no condenando firmemente las guerras, matanzas, terrorismo y genocidios del presente? ¿De qué paz hablamos, la paz de los cementerios, de la tierra arrasada por las bombas y los misiles?

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