«Enemigos de sus mejores amigos y desconfiables para los más queridos», nos decía Séneca, a propósito de los iracundos.
La flaqueza más obvia de los ánimos débiles: pierden ante quienes los hacen enojar, se dan a conocer fácilmente. Así como la venganza termina confirmando que alguna bala de las que tiraron pego en el blanco.
Hoy los enemigos del presente argentino, saben algo muy valioso, tocar o amenazar con tocar a determinadas personas del poder instituído, por ejemplo judicialmente de modo directo, rápido y concreto, sacude la gobernabilidad de nuestro país y afianza la corrupción en cuanto sistema garante de impunidad.

Deja una respuesta