La distancia entre quienes atacamos estando solos y la de aquellos que lo hacen siendo parte de estructuras de poder.
Esta distinción es clave para separar las aguas. La cultura criolla lo tiene bien definido en el mundo futbolero de tribunas, dinero, barras bravas; en el rugby de las patotas; los linchamientos mediaticos. No queda en esto, es solo la pantalla de un modo de ser que se manifiesta en todos los ámbitos de nuestra vida social organizada.
La política y la religión en Argentina son ejemplos claros donde se aglutinan quienes comulgan en una comunidad inflada de ideas, endurecida en posiciones hegemonicas, dominantes; gente subordinada a instancias de poder que no dependen de ellos mismos, tutelados en el temor y la obediencia; la libertad queda fuera.
Por eso resistimos ataques personales y no vamos de manera personal contra nadie, nuestro accionar de hombres libres va presidido de rupturas con lo establecido, en contra del sistema, nadie nos debe nada por bancarnos lo que somos; acá no hay disputas privadas, es como pensamos y vivimos.

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