Cuando el enemigo duerme con uno, aunque sea de vez en cuando, estamos al alcance del mal y esto no es chamuyo de coach motivacional; no solo hay que alejarse, sino apostar más fuerte, tirar abajo todos los puentes que nos vinculan al oponente.
Una suerte de Alejandro Magno, sin mayores pretensiones ni mucho tiempo frente al espejo en un gimnasio. Ejercitarse en distancias es propio de un espíritu libre, las ataduras requieren de juntaderos donde siempre hay uno que manda y otros obedecen, alguien que no quiere perderte pisada para seguir estando encima tuyo, asimetrías de un sistema que impone arbitrariedades hasta en compartir una hamburguesa.
Tampoco andar por la vida viendo rusos que nos espían y buscan envenenarnos, demasiado con el actual gobierno que tenemos, pero es divertido obligar a que recalculen los seguidores.

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