
Si el presidente de la nación cobra 5 millones de pesos; un ministro, 3 palos. En las sedes judiciales cualquier perejil gana más, en otras reparticiones públicas los cargos intermedios superan ampliamente aquellos montos en cuanto salarios.
Los directivos de YPF ganan mensualmente más que un presidente de EEUU.
Si el ser humano es malo por naturaleza, Hobbes; bueno hasta que llego el dinero y la propiedad privada, Rousseau. Dejas todo para ejercer la función pública de gobernar, gestionar los recursos de todo un país, percibis dos mangos y sos corrupto por compensar eso; o bien, sos un inmoral corrupto aumentandote el sueldo.
En definitiva, a juzgar por la prolífera participación en la carrera de hacer política y ser electos, asumiendo cargos, ocupando bancas, el negocio resulta provechoso y enriquece a no pocos. ¿Y estos pocos son la inteligencia argentina al servicio de la gestión pública?
O suponemos entonces que cualquiera entra al Estado para robar o salvarse, independientemente de cuanto dinero ganan o si les da la cabeza para algo.

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