
Cuando hablas con ciudadanos de países con institucionalidad de calidad, no están ocupados en roscas políticas, están en otra, saben que las cosas van bien porque a ellos les va bien y a la mayoría también o lo contrario. No es el caso argentino, a pesar de tener robustas instituciones, paradójico.
Tal vez la explicación doméstica sea que nuestro sentido común argento se ha despolitizado demasiado; o todo lo contrario, politizado en una cultura poco democrática; nos juega en contra. La realidad para muchos es cada vez más obra de fuerzas del cielo, fenómenos macros de un mercado naturalizado, donde la única manera de lidiar con esto es dejarlo en manos de expertos y jefes políticos del momento; pensar al respecto no resulta eficiente ni produce nada, de última cada uno se tiene que hacer cargo de como le va.
Entonces llegamos a la libertad de los actuales libertarios liberales de la derecha, versión argentina: una cuestión económica de consumo, meritocracia y competencia.

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