Levantando cositas pesadas

No sé si tenemos en claro esas distancias entre vago y vagancia, que la vida nocturna demarca muy bien; el ocio del que vive de hacer lo que le gusta y la ociosidad del que se abandona.

En la Grecia antigua se despreciaba el trabajo manual, era cosa de esclavos, una cosa entre otras cosas; no era propio de un hombre libre. Por eso Platón en su libro Las Leyes, le pega duro a las ocupaciones de artesanos y comerciantes, quienes al perseguir el deseo de obtener bienes materiales se privaban del tiempo libre.

Posteriormente el cristianismo institucionalizado, que tampoco se privo de tener esclavos, tuvo un mensaje esclavizante para todos, atado a la necesidad: el que no trabaja no come.

Pero la libertad son vivencias y el trabajo experiencias; nuestro presente es muy obvio al respecto, el principal detonante de padecimientos mentales reside en esa diferencia. Quizás por eso proliferan los gimnasios y las iglesias como sustitutos, consuelos; algo así como «….bueno, por lo menos soy dueño de mi cuerpo, en un par de meses seré ganador en algo y el espejo lo confirmará; ya que para todo lo demás no existo, no decido nada ni cuentan conmigo; excepto para Dios que me quiere como una oveja de su rebaño».

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