
Decían, no había que morirse sin haber tenido un hijo, plantado un árbol y escrito un libro; sumemos el cuarto, propio del siglo XXI, mandarte el cagadon, irte de este mundo como un recordado hijo de puta o un héroe, delincuente y criminal de todas formas.
Se acortaron las distancias, podemos decir cualquier cosa, para eso están las redes sociales; de ahí: hacer cualquier cosa, estamos a cinco minutos, un proceso en expansión. Ya hay muestras claras en la incontinencia verbal y las reacciones que modifican nuestra convivencia social, señales en el aumento del registro de eventos letales por cuestiones personales, íntimas, propias de un desenlace soslayado por los demás.
La cultura del daño a otros porque piensan o viven distinto, esta aceptada por la mayoría, el mensaje político-social-ético implícito al respecto es dejar correr el agua: cada cuál sabrá como defenderse. Así será.

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