
Entiendo que no podemos andar viendo nazis por todos lados, menos aún banalizar el mal, aunque éste circule sin impedimentos en las estructuras de poder, desde lo micro hasta lo impensado de negocios cuya única finalidad es hacer dinero a cualquier precio.
Tengamos en claro que el horror, la eliminación del otro por cuestiones raciales, ideológicas, ni siquiera puede ser dicho con palabras, el dolor y el daño que dejaron es inexpresable.
Sin embargo, no hay que olvidar, no nos tiene que parecer ajeno y distante, siempre resulta conveniente exagerar para contener en el pensar lo real y ver las señales concretas del porvenir; necesitamos estar despiertos defendiendo nuestra Democracia, ante el avance de lo apolítico como fuerzas reactivas capaces de llevarse todo por delante.
No olvidemos, lo peor se anuncia dejando correr el agua, permitiendo un paso, después otro, fingiendo demencia; avanzando en odio, linchamientos, persecuciones, escraches, donde el blanco de los ataques en un principio, son quienes piensan y viven distinto, sostienen valores diferentes. Todo comienza con el silenciamiento, tergiversan y malinterpretan ideas, opiniones, usándolas coactivamente contra el libre pensador.
Es paradójico, el silencio como arma, nos aleja de los mudos y de los que cancelan a otros. Cualquiera que pertenece a grupos de pertenencia política-ideológica, en determinadas redes sociales, conoce de cerca esto que apunto.
Si se crean espacios de participación ciudadana (políticos, culturales, religiosos, públicos, privados) donde la violencia de unos cuantos se impone por sobre la comunidad de ideas, retrocediendo la libertad de expresión; estamos en la construcción de un Régimen.

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