Mentime que me gusta

Argentina del sujeto de la emancipación, revolucionario social donde la Patria es el otro y el Estado somos todos; platonismo.

La gente se canso de ver televisión, consumir «periodismo militante» que traducido era prensa mercenaria estatal; la puesta en escena de marchas, gente hambrienta que protestaban por un plan social supuestamente para «comer» y sabemos que olla fue la que se destapo, derechos de minorías colgadas del Estado que reclamaban por más beneficios, empleados públicos que solo pensaban en si mismos y sus privilegios; la lista sigue con otros actores de diversos ámbitos de nuestra vida social, desde «científicos» hasta cooperativas de la sasasasa, pasando por empresarios exitosos con la nuestra.

Todo un combo de normalidad que se consumía como real, hasta que fueron cayendo las ficciones una tras otra; el presente es el desencanto del mundo platónico de discursos, shows, escenarios montados….; el vacío que han dejado esta siendo ocupado por un pragmatismo cruel para algunos, pero que no resta políticamente, le da legitimidad a una violencia institucional, gubernamental, que avanza sobre las libertades individuales y colectivas de los ciudadanos; se prioriza lo macro de la economía para bien de todos aunque la pasemos mal. Esta resistencia (aguante, sacrificio) es lo más auténtico y real que estamos mostrando los argentinos, desde que tenemos Democracia ininterrumpida.

Iba por la peatonal de la ciudad, una madre con un cartel gritando y pidiendo ayuda para su hijo por una enfermedad que requería una urgente intervención médica, un hombre que la acompañaba llorando a viva voz nombrando al pequeño enfermo, con una caja rogando colaboración; fui, le puse dinero, no lo hice convencido de estar viendo la realidad; venimos de eso, de estafas reiteradas a la buena fe de mucha gente que labura, la rema, sobrevive, hace la diaria y ya tiene menos corazón que antes.

De ahí que hoy podamos apalear a cualquiera, romperle el marote a los que vengan a pedir, reclamar o protestar por lo que sea; que nadie saldrá desde la indignación organizada a confrontar al poder, porque nunca fueron reales esas manifestaciones o expresiones sociales.

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