
En sociedades como la santafesina, la mayoría de los ciudadanos están colgados del Estado, y no lo digo de manera peyorativa, reflexiono, constato un hecho de la realidad. Aunque algunos afirmen no ser empleados estatales por trabajar en el ámbito privado, tienen con seguridad un pariente o ser querido cercano empleado público metido en el placard que condiciona todo el juego de su existencia; asimismo, los autopercibidos «empresarios, emprendedores…», no salen de la lógica subordinada al Sistema, en su mayoría son los primeros que se las saben todas de como rascar de los recursos públicos o sacar ventajas sobre el resto de la gente siendo prebendarios del poder de turno.
Incluso, de ese mundo vienen los proselitistas de la política anticasta del presente; muchos asalariados estatales/pseudos libres emprendedores, todos disfrazados de vanguardistas, terminan siendo los que te arman una empresa política llamada «partido político»; reciclándose con el dinero de todos, como legisladores, gobernantes, funcionarios de gobierno…….
No tiene nada de malo ser un dependiente, se puede ser feliz en ese estado, siendo estatal, privado, marido, esposa, consumidor, etcétera y otros tantos quehaceres/vínculos domésticos que tenemos/hacemos con gusto…; lo patético es no poder despegarse de esa «dependencia» algún día; soltarse mental, material y afectivamente de la misma, nos habilita la independencia, que paradójicamente no seria «independencia» sino hubiera salido de esa relación de dependencia que criticamos y hemos superado.
La libertad que decimos militar algunos auténticos Libertarios, es ni siquiera quedar pegados o aferrados, a la independencia, poner a prueba esta última, ponernos a prueba para ver qué tan aptos somos en cuanto hombres y mujeres libres.

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