La ciudad de Santa Fe tiene su encanto, no sé cuál, pedaleo y camino, conozco brevemente lugares de consumo gastronómico en general, fundamentalmente de cervezas y mujeres.
Es un texto de los que acostumbra el supuesto patriarcado, donde el humor trae risa a uno mismo y no a los demás. Santa Fe es enojosa, amarga, alguna vez fuimos cordiales, se armó cierta narrativa de «ciudad cordial», la gente cambio desde que el Estado es la Pija metida en todo lo que hacemos, convirtiéndose en el horizonte de realización existencial de mucha gente; hubo un tiempo que la pujanza de estos lugares la daban los trabajadores independientes, profesionales, gente de oficios diversos, artes, emprendimientos……; cambiamos, hasta los comerciantes son en su mayoría un ejército de domésticos cumplidores de ordenes gubernamentales, que en sus tiempos libres se dedican a proponer la creación de más regulación y Estado para todos.
Le falta color a la ciudad, con la excepción de una buena movida cultural de bajo perfil, alternativa, que circula por debajo de la superficie y es minoría. Lo hegemónico no es lo mejor, es lo que la mayoría consume; parecido a ingresar en alguna plataforma de tv streaming, terminas saliendo cansado de no saber que elegir, o bien, caes de una en el acotado abanico de propuestas que te ofrecen a mano. Lo colorido no es solamente cuestión de colores, sino de maneras de ser; cualquier extranjero que visite nuestra ciudad, inteligente y despierto, es como si entrara a una solemne concesionaria de autos, lo que tiene a su vista no sale de lo gris, blanco y negro.

Deja una respuesta