En Israel, un militar es un interlocutor social entre otros, que participa abiertamente en la construcción del ámbito de lo público. No sé qué lectura darle a eso, ya que hablamos de un país donde prima la democracia, a la israelí, pero democracia al fin.
En Argentina los militares se suicidaron jugando contra las libertades de los argentinos, hablando a escondidas en intrigas de cuarteles y dieron golpes de estado junto a sus socios políticos, empresarios. En el presente son fantasmas, no existen; por un lado, a la luz del fenómeno golpista que vivimos actualmente, es lo mejor que las cosas estén dadas de ese modo.
Sin embargo, la declamada democratización de las fuerzas armadas es una deuda histórica y pasa por devolverle la ciudadanía plena a los uniformados, el acceso a la palabra y la participación democrática.

Deja una respuesta