Cuando nos toca perder sin chistar, por confiar demasiado, suele pasarnos que los más cercanos son los que mejor te clavan la puñalada; una forma romantizada de ir superando la cuestión es dejar con una deuda moral al que te cago, ubicarte en un estadio superior donde perdemos por generosos que somos, entendemos así la vida….
La realidad se termina imponiendo. La verdad que, al delincuente, a la rata o cagador, le importa una chota todo ese idealismo de perdedores.
La gente que tiene mucho dinero es realista, no se inscribe a ninguna ideología; nos venden eso para consumo de la gilada y poder lucrar con el negocio de administrar la fe de los demás.
En cambio, los pobres, llenos de creencias, tenemos ideales, sueños de Pijotes de la Mancha; sepamos cómo termino el Quijote, perdió, se le cagaron de risa, cayó enfermo y murió solo como un perro. Matemática.

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