Gastar palabras en los demás, testimonio, argumentos, razones, como querramos llamarlas, no sirve demasiado en este tiempo donde la gente cree conocer las cosas de antemano, ha visto, escucho, esta informada a full; si resucitaran nuestros abuelos, no les alcanzaría la vida que tuvieron para saber lo que sabemos nosotros en un año de vida con un celular en la mano.
Indudablemente, alguna vez dijo San Buenaventura «alumbrar, no deslumbrar». Una idea que no alcanza comprensión en la actualidad, con tanta gente que se las sabe todas. Tal vez, tengamos que ser más precisos, somos como esos bichitos que giran alrededor de una fuente de luz de las últimas generaciones que ni siquiera emite calor y gasta poca energía.
Seamos sinceros, las verdades consumen, queman por dentro al ponerles el cuerpo; cuando de lo que se trata es de vivir en la verdad, amar en serio y no simplemente parasitar del amor.

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