Los argentinos tenemos una gran riqueza artística en general, se puede ver la movida al respecto y en ella reside parte de la batalla cultural que debemos dar.
Entre líneas fue circulando algo más, no tan obvio, cierto darwinismo social, que emerge en la actualidad como producto ficcional de algunos personajes disfrazados de romanos, parodiando animales salvajes, reactualizando supuestas imágenes latentes (falseando a Hegel) de supremacismo en el tiempo.
No estamos diciendo nada nuevo, la religión y el arte argentos, son compensatorios (independientemente de las banderas) de la dominación política: ¿qué sería de nosotros, sin el consuelo que nos ofrecen pastores y curas, todos juntitos de la mano orando, rezando; al igual que los actores y músicos en sus obras y recitales de concurrencia masiva? Nos empujan a aferrarnos en las estructuras de poder vigentes, presentes en la micropolítica, diseminadas hasta en lo domestico; donde circulan los mismos valores, racionalizaciones, ideas.
La huida es hacia adelante, el Camino es el Consumo, cuanto más intensivo por quienes pueden, nos ayuda a esconder bajo la alfombra las contradicciones de nuestra existencia ciudadana (la de muchos otros en la pobreza y la miseria). Aquí aparece realmente Hegel, estas contradicciones en algún momento estallan. Para ver esto, comprenderlo, hay que ubicarse fuera; como hizo China con Occidente.

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