Todo está mal, excepto nosotros

Los argentinos, últimamente hemos comentado en abundancia la seguidilla de suicidios que acontecieron en determinados ámbitos, así como la inoperante ley de salud mental vigente. La problemática al respecto es mucho más amplia, tiene gradaciones; tampoco es reflejo exclusivo de la situación personal de algunos, sino fundamentalmente de la sociedad en que vivimos.

Encontrarte con gente medianamente joven que no tienen dinero para alquilar un lugar donde irse a vivir solos, que se creen muy actuales por pasar horas en redes sociales con un celular de 1 millón de pesos en la mano (¿qué otra cosa hacer cuando no se tiene dinero para salir, gastar, hacer lo que nos gusta, interactuar con los demás?), que por unas vacaciones de 15 días laburaron como esclavos todo el año y ahora quieren subirse el precio a sí mismos; sin ahondar en quienes se precipitan a cualquier cosa por unos mangos …; todas libertades efímeras y cortoplacistas, nada duradero, salvo que renuncies a tu libertad y te enroles en las filas estatales como un soldadito más.

Nadie puede sentirse bien de ese modo, sumado a las supuestas exigencias o competencias de estos tiempos, cuando nos comparamos a las exposiciones de vidas realizadas y exitosas de otros.

Fingir demencia es enfermar de la cabeza.

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