Y fue así que Tadeo Isidoro Cruz termino viendo en Martín Fierro a su otro yo, se vio el mismo. Algo de razón hay en esto de que la Patria es el otro, hay un cinismo que se desborda cuando desde los fierros del Estado garroteamos a un viejo jubilado; cuesta hallarle la vuelta a eso que no tiene retorno.
«La obediencia debida» es un mandato espiritual argentino, está en nuestro adn; lo escuchas en todas las excusas, quejas, llantos y protestas de los empleados de todos los colores, ámbitos, dependencias; ellos cumplen ordenes, tienen familia, miedo, es lo reglamentado, la ley, el orden, la empresa………….
Además, viene en pareja con «algo habrá hecho», no se da uno sin el otro, es como los delincuentes y los cobardes, donde vayas los encontras juntos colaborando unos con otros, queriendo o sin querer queriendo.

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