Muchos argentinos pasean por zonas comerciales, con dos bolsitas en la mano, la mayoría sin comprar nada; obviamente, no alcanzamos a ver las compras a través de plataformas digitales.
Efectivamente es divertido no comprar nada, salvo para comer y comida que nos alimente; incluso no cayendo en las tendencias marketineras y prometedoras de salud eterna.
Si, no comprar nada, mantenerse en el tiempo en esta manera de no dejarse robar, poniendo nuestro dinero en prioridades que realmente son importantes para nuestra calidad de vida, no en porquerías, modas, cosas que no duran mucho aunque las cuidemos, la mayoría no necesarias, pagando por lo que no lo vale; dejando de vivir por tener lo que otros tienen, sacrificándote por quedar bien con los demás.
No se trata de ser un miserable, sino alguien minimalista en ese sentido, que puede abarcar hasta las cosas más sencillas por diversas razones, ejemplo, una bicicleta; circular con una bicicleta de alta gama en ciudades como Santa Fe, Rosario, es ir con el corazón en la boca, peligra tu existencia en la tierra, relajarte a pasar un buen momento no sin antes tener dos ojos en la nuca y un mega candado con cadena para atarla.
En cambio, una bicicleta modesta, casi a punto de ser retirada de la utilidad de las cosas mundanas, sin valor comercial apetecible (lo sé, aunque sea la más fea, siempre habrá alguien que la desee o quiera hacer daño; no te confíes, el amor por lo ajeno es ciego); la libertad te espera, la dejas ahí tirada mientras te tomas un café, andas suelto y hasta quizás te rías de vos mismo comprando un vino que vale 5 veces la bici en la que circulas.

Deja una respuesta