Pareciera que siempre se necesita la Inquisición en tiempos de paz o cuando haga falta, echar mano de la misma le permite a cualquier poder instituido, quemar aún más al drogadicto, en vez de ir valientemente contra los narcotraficantes; hay suficiente poder militar y tecnología para liquidar el terrorismo en cuanto organización criminal, pero vamos por la fácil, exterminar un pueblo entero; atacar el velo islámico, no las religiones monoteístas oscurantistas, en cuanto ideologías de muerte y contrarias a la libertad humana.
De ahí que se multipliquen los hábitos, uniformes, que esconden gente al servicio de una violencia organizada que produce efectos en la vida de todos, desde el miedo, la obediencia hasta la sumisión. Las instancias de sujeción y autoridad las conocemos: Ley, Orden, Derecho, Justicia. El monopolio de los fierros sabemos quién lo tiene, el Estado.

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