Comprendo y me solidarizo con quienes se ven agraviados, injuriados de manera superlativa, atacados en su persona por pensar distinto o representar otros valores.
Aun así, no buscaría reparación en los tribunales; aguantaría, redoblaría la lucha fortalecido, en nombre de la Libertad. Sabemos lo que genera socialmente la industria del juicio al respecto, pagan justos por pecadores, socava la Democracia al extenderse la judicialización de la palabra.
No se trata de poner la otra mejilla, sino de padecer injusticia antes que cometerla. ¿Quién quiere dinero por una ofensa? Los que se dejan comprar, que le han puesto precio a su dolor; hagan justicia, no de ese modo servil.

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