Nadie nos impide estar cómodos en lo que somos, gente que no se cansa de ser pelotuda y su pelotudez es contagiosa; quizás no queremos darnos cuenta, podemos tratar de ser otras personas, se puede. El cerebro es rutinario, basta con hacer cambios de a poco, mentirle hasta que entre en el juego, cambiar en pequeñeces que no se perciban como castigos, reproches ni nada de eso.
Te autopercibis muy interesante, conectas con la humanidad, pero con nadie de carne y hueso fuera tuyo, hasta que te agarra el viejazo y queres tener hijos, terminas abierta de gambas con cualquiera, la Ley del Embudo «la más buena para el más boludo»; ciencia de la vida.
Nada está fuera de tu alcance mientras estes todavía en la vida, proba ser diferente. Miralo al Adolfo, humanista frustrado, pintor no valorado, amante de los seres de cuatro patas más leales y cariñosos del universo…; en la actualidad, un hijo de la PlayStation, gordito vegano que se olvidó de ser nazi viviendo frente a una Sinagoga, liberal de a ratos, haciendo política berreta.

Deja una respuesta