Es real, mucha gente endeudada, la precarización laboral resulta visible, ciudades de estatales como Santa Fe son lugares fantasmas, muchos comerciantes en la vereda de sus locales y los empleados públicos únicos beneficiarios de la estabilidad sin producir nada, habitando un mundo paralelo.
Lo demás es blanqueo de merca, economía en negro que mueve dinero sin control alguno, un avance de la pobreza, cada vez más personas en situación de calle; los políticos mudos dedicados al ruido, ausentes, en su circo haciendo la que les conviene.
No sé hasta cuando los santafesinos van a tolerar pacíficamente esta vida alienada, indigna. Ni siquiera los medios de comunicación reflejan la realidad, todos en mayor o menor medida están colgados de la billetera del Estado e irónicamente de este ámbito salen referentes que levantan la bandera de la «libertad».
En breve retomo la venta ambulante de empanadas en un contexto de competencia con precios y calidad disimiles, marcadamente desfasados de la carne; algunos ofreciendo productos tan baratos como irreales; la necesidad de generar ingresos de algún modo sin salir de caño a robar hace que haya ofertas gastronómicas de cualquier cosa y en condiciones innombrables. La solución a esto no es sacar otra ley como estamos acostumbrados los santafesinos que pretendemos vivir de ordenanzas persecutorias, regulaciones, normas, leyes prohibitivas que le permitan a las fuerzas del orden hacer desaparecer de la vía pública a la gente que visualmente molesta, como basura que escondemos bajo la alfombra; la cuestión pasa por trabajar y dejar trabajar, vivir y dejar vivir, cuanto más libres son los demás más libre soy yo.
Los patéticos sindicatos u organizaciones gremiales; solo sirven para montar un show, salirse con las suyas respondiendo a intereses sectoriales principalmente estatales y el resto que se cague.
¿Hasta donde podemos apretar? Hasta que la gente diga basta y llegue la guillotina.

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