
El mensaje sigue siendo cruzar el desierto, en 40 años seremos potencia; es tentador decirlo, tiene el encanto de que muchos estaremos muertos, gobernaremos junto a los vivos.
Resulta patético pensarlo: ¿qué haríamos millones resucitando? Mejor que no, correríamos como niños en busca de abrazar a nuestros seres queridos, no esperemos una revolución para cambiar el mundo.

Deja una respuesta