
Que Milei haya ido a Brasil a faltarle el respeto al presidente de ese país, es un desafío hasta donde tensar la cuerda, de que somos capaces o que tan temerarios podemos llegar a ser con tal de montar un show. No lo es por sus actos enmarcados en estrategias difíciles de comprender; sin quererlo y no teniendo esa intención, hace apología de la violencia: en el mundo de algunos picapiedras supremacistas argentinos, se replican y potencian acciones de esta índole contra los demás, cruzando un límite inadmisible que traerá si o si consecuencias más violentas, el tiempo confirmará esto que afirmo.
He comentado en una entrada de este sitio web, en tercera persona, de modo jocoso, en broma: efectivamente, me pongo como un caso entre otros, después de más de una década de haberme desarmado, apostando a la convivencia en paz, la participación ciudadana en libertad y el respeto hacia quienes piensan distinto….; me basto haber militado y ser parte en grupos de acción entre afiliados «liberales libertarios» de Santa Fe, para terminar corriendo a la armería, comprarme un arma, desafiliarme, alejarme de la política partidaria y hacerme de enemigos.
El mensaje tiene que ser claro ante este fenómeno que no es meramente local; amenazan nuestra libertad, no les tiene que salir gratis, no puede quedar sin respuesta.

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